518 claves para ser un gran periodista y ganar muchísimo dinero

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Es mentira. No voy a dar ni una sola clave para ser buen periodista. Mucho menos para ganar dinero. Dios me libre de dar lecciones cuando llevo más de 15 años en el reverso tenebroso de la profesión (ya saben, la comunicación corporativa). Pero si usted, antes lector, ahora usuario, ha pulsado clic, bien que vale el titular fullero (clickbait) para honrar a uno de los nuevos tótems de la comunicación: el SEO.

Y es que me decía hace poco un compañero de profesión, irreductible en la prensa tradicional, que después de décadas picando tecla, ahora tenía dos jefes: el director del periódico y el SEO. Porque como sabemos desde hace dos telediarios, para ser un buen periodista, hace falta saber de SEO.

También hablé con un antiguo compañero del departamento de diseño y maquetación de otro periódico. Me comentó, muy airadamente, que no entendía cómo los nuevos becarios no sabían diseñar una paginita sencilla por sí mismos. Que él no tenía manos suficientes en el departamento después de la última escabechina en el grupo editorial y que un poquito de por favor, hombre. Porque para ser buen periodista, también hay que saber de diseño.

Esa semana también hablé (sí, he tenido mucho tiempo libre, agosto es muy largo) con un par de compañeros más. Una de tele y el otro de radio. La primera me preguntaba por redactores que supieran también una mijita de grabación y, ya que estamos, de edición, poca cosa, pero lo justo para sacar algunas piezas. El segundo me contó con pelos y señales la discusión que acababa de tener con el último fichaje de la cadena porque reconocía no escuchar podcasts habitualmente. Porque para ser buen periodista, hay que saber grabar, editar y escuchar podcasts a mansalva.

Para terminar mi ociosa semana, el domingo me tomé una cerveza con el jefe de contenidos digitales de un señalado medio de comunicación. Me preguntaba de dónde podía sacar algún redactor con conocimientos social media. Que las comunidades en redes sociales se les habían estancado y por más que publicaban aquello no arrancaba desde la última actualización del algoritmo. Porque para ser buen periodista, por supuestísimo, hay que saber social media y, sobre todo, conocer los entresijos de los algoritmos que le salen del ciruelo a Zuckerberg y Elon Musk.

Tengo la convicción de que si hubiera hablado con más compañeros la lista de requisitos mínimos para ser buen periodista se hubiera alargado ad aeternum. Y aunque no di un palo al agua esa semana lo cierto es que acabé agotado. Agotado y atribulado pues, ¿qué clase de profesión es ahora el periodismo? Nadie me preguntó si conocía a algún periodista con ganas; si conocía a algún periodista valiente; amplia cultura general; si podía recomendar a algún compañero con sentido común; ni siquiera nadie preguntó por quien tuviera una buena redacción, cuando una excelente escritura revela una excelente cabeza. (Chúpate esa Pablo Coelho). No puede ser más desalentador el panorama (espera, que viene la Inteligencia Artificial, agárrame el cubata…).

La desoladora realidad actual es que las empresas de comunicación de ambos lados de la trinchera (medios y agencias) tenemos un terrible déficit de talento en los recursos humanos. No, no se rasguen las vestiduras todavía; no me refiero a que no haya gente cualificada ni preparada. El perspicaz lector (perdón, usuario) habrá deducido que esa falta de talento no responde a dominar las 1001 faenas digitales que exigimos las agencias en los procesos de selección, sino al erial de humanismo que definió en origen a la profesión. Desconozco si esto se aborda en la carrera o están, en efecto, demasiado ocupados actualizando contenidos cada dos meses merced a la última versión de cualquier tecnocosa digital. Pero sería bueno que alguien, cualquiera en algún momento, no sé, el bedel de la facultad cuando empiece a recoger las sillas de la fiesta de graduación, le diga a los chavales que todo está muy bien, pero que, al final, la cuestión es otra, y mucho más profunda que todo lo anterior.