¿Se puede debatir si no hay comunicación?

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Tras ver el ‘cara a cara’ de anoche, me viene a la cabeza la Universidad. Dos aspectos en concreto. En primer lugar, las clases de Teoría de la Comunicación -1º de Periodismo- en las que Álvaro Abellán-García nos explicaba que la escucha activa es la primera exigencia de la comunicación. Consiste en poner todo de nuestra parte para intentar comprender lo que el otro está diciendo. Sin la escucha en el sentido más amplio, la comunicación auténtica es imposible.

En segundo lugar, las reglas de los debates universitarios en los que es el orador quien, si lo estima oportuno, otorga la palabra a su oponente en los turnos de refutación y éste puede intervenir durante un máximo de 15 segundos para realizar preguntas y aclarar o matizar ideas, pero no para argumentar.

Pues bien, en el debate de anoche no hubo ni lo uno ni lo otro, por lo que la incomunicación protagonizó el encuentro. La consecuencia de ello fue un discurso superficial, con repeticiones de ideas y elusiones descaradas por ambas partes. Partiendo de este punto, ¿realmente importa quién ganó?

En comunicación política es importante lo que se dice, pero también lo es el cómo se dice. Y en la preparación de un debate electoral, se le dedique un día o cuatro, deben cuidarse ambos aspectos. Algo que sí se hace en los debates universitarios, en los que se evalúan diferentes criterios que tienen que ver tanto con el fondo como con la forma: si se responde a la pregunta del debate, si la línea argumental es coherente, la diversidad de argumentos, si se refuta los argumentos del contrario, el uso correcto de las evidencias, la naturalidad y expresividad, el lenguaje empleado y el dominio de la voz y los silencios, entre otros aspectos.

Si nos fijamos en el fondo, la falta de diálogo y de respeto a los turnos de palabra hizo que en muchas ocasiones los argumentos se perdieran y no fueran audibles ni comprensibles desde casa. Los candidatos no se escuchaban y, así, ¿cómo se puede refutar el argumento del otro? Faltó concreción en muchos asuntos y cada uno evitó entrar en los temas que les resultan incómodos (Ley del sólo sí es sí, violencia de género, pactos). Fue un debate centrado en el pasado y en el reproche, con pocas miras al futuro. No vimos propuestas económicas claras por parte de ninguno, sólo la utilización interesada de los datos. Al candidato socialista le faltó concreción en materia de sanidad y educación y al líder del PP en temas sociales (eutanasia, aborto, diversidad de género).

Si atendemos a las formas, Pedro Sánchez las perdió por completo. Es el principal motivo por el que hoy la mayoría de los medios de comunicación dan la victoria a Alberto Núñez Feijóo, pese a la gran movilización en redes sociales de los socialistas, que supieron dominar el terreno de Twitter con el hashtag #CaraACaraAtresmedia. 

En cuanto al papel de los moderadores, me pareció flojo. He escuchado a Vicente Vallés decir que dejar que interactúen entre ellos forma parte del debate. ¿A qué precio? ¿A que se desvíen del tema en cuestión? ¿A que la superposición de voces impida que entendamos qué dice cada uno? En mi opinión, deberían haber sido más estrictos en este aspecto, aunque estoy de acuerdo en que los moderadores no están para hacer de polígrafo y aclarar si cada argumento esgrimido por uno y otro candidato es verdadero o falso. Si lo hicieran, no pasaríamos del primer tema de debate. Ahora sí: los medios de comunicación deben ser críticos e informar sobre la veracidad de esos datos, como hizo El País en redes sociales aclarando y rebatiendo cada argumento.

Siempre he creído fundamental un Pacto de Estado sobre temas fundamentales que no deberían cambiar con cada Gobierno: educación, sanidad, financiación autonómica. Pero parece imposible que los dos partidos mayoritarios, gobierne quien gobierne, se sienten para llegar a acuerdo alguno, pues el punto de partida en una buena comunicación pasa necesariamente por la escucha activa y el respeto mutuo, algo que, como vimos anoche, brilla por su ausencia.

Ana Sellers Campos, periodista y directora de cuentas.